"Para que en ningún tiempo y en ningún lugar haya un niño que se sienta distinto". José Moyá Trilla. Neurólogo Infantil. Creador del método CEMEDETE

martes, 27 de septiembre de 2011

Visita a un cole


El otro día me invitaron a ver el cole de uno de mis niños. Este es un colegio de educación especial para niños con parálisis cerebral infantil.

En cuanto llegué, todos se apresuraron a enseñarme las múltiples instalaciones (aulas, salas de rehabilitación motriz, de terapia ocupacional, de trabajo sensorial, etc., el comedor, el piso- residencia...) y me presentaron al equipo profesional (la maestra de mi niño, su auxiliar, su logopeda, su fisioterapeuta, sus terapeutas...)

Sin embargo no fue esto lo que llamó mi atención. Me impactó ver a TODOS los niños sentados en sus sillas (cuando estoy con un niño, lo primero que hacemos es descalzarnos, “bajar al suelo” y jugar).

Empecé a imaginar lo bien que me lo pasaría en cualquier clase jugando a revolvernos por el suelo, especialmente en clase de mi niño; eran cuatro preciosos pequeñajos de tres a cuatro años  y todos me miraban con sus grandes y expectantes ojos Imaginad lo mucho que me costó  reprimir mis impulsos.


Al llegar a la última aula, la joven que me acompañaba cambió el tono de su voz, toda su energía se apagó y me dijo tímidamente:

~        “ En esta clase encontraremos a todos en el suelo. No creas que no están haciendo nada, ¡es reeducación postural!”  

            Y con una amplia sonrisa,  yo le respondí:

~        “ No te preocupes, para mí, todos deberían estar jugando en el suelo. Yo, con mis niños, siempre trabajo en el suelo

Un niño con  trastornos motóricos necesita “moverse” más que un niño “sano”, mil millones de veces más, para superar todos los niveles del desarrollo de una forma aceptable; pero, ¿Cómo lograrlo si además de tener una gran afectación motórica le dejamos preso en una silla?
Un niño sin ningún trastorno ¿podría crecer con normalidad sin “tocar” el suelo?

Yo confío en  mi niño y creo sinceramente que podemos llegar a un nivel de desarrollo que le permita enfrentarse a la vida de forma bastante razonable y que su trastorno motor, aunque  sea un handicap para conseguirlo, no se convierta en un obstáculo insalvable. 

                           

Mi  niño necesita que todos sus educadores confiemos en él, que le entreguemos nuestras vidas, pero esto no es tan fácil.

Solo con esperanza, ilusión, paciencia, mucho amor  y todos los medios dispuestos a conseguirlo, estaremos más cerca de ayudar a  mi niño a hacerse hombre.

Carolina Ruz
Pedagoga terapéutica

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